SALVADO POR LOS PELOS

¿Conocías el origen de la expresión «salvado por los pelos»?

Cuando decimos que una persona se ha salvado de una situación peligrosa «por los pelos», entendemos que se ha librado por la mínima.

La lógica nos lleva a pensar que el pelo es tomado como elemento de medida: «ha faltado un pelo» y, en el caso de esta frase, es así, pero no en la que nos concierne hoy a pesar de su parecido semántico.

Para conocer el origen de la expresión «salvado por los pelos», debemos remontarnos a tiempos más antiguos, en especial a los siglos XVI y XVII.

Puede que os resulte contradictorio, pero por entonces muchos de los marineros que se embarcaban en naos transoceánicas ni siquiera sabían nadar.

No era extraño, por tanto, que si alguno de ellos caía al agua, se hundiese para siempre en el fondo del mar como si la propia muerte se aferrase a sus tobillos.

Sin embargo, existía una última posibilidad. Y es que, si tenía la suerte de que uno de sus compañeros andaba cerca con un bote, este, de una manera rápida y sencilla, podía agarrarle de los pelos y subirlo de nuevo a bordo.
Es decir, aquella persona se había salvado de morir ahogado, literalmente, «por los pelos».

Este fue el motivo principal por el que las largas melenas se convirtieron en algo distintivo de todo marinero que apreciara su vida, incluso en aquellos que sí sabían nadar, pues ninguno estaba libre de una mar embravecida o de caer al agua tras recibir un golpe que los dejara inconscientes.

La cabellera se mantuvo tan unida a la identidad de los hombres del mar, que se cuenta que allá por 1809, cuando José I Bonaparte (más conocido como «Pepe Botella») tuvo la feliz idea de prohibir su uso por Real Decreto, los marineros armaron tal revuelo que se vio forzado a abolir la norma al poco de firmarla.

Y es que, independientemente de su función como salvavidas, pocas cosas existen más preciadas para un hombre que una melena frondosa, en especial cuando comprende que ya le comienza a clarear la coronilla.

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