El origen de la expresión: NO HAY TU TÍA
Usamos esta expresión constantemente para indicar que algo ya no tiene solución. Sin embargo, esta frase hecha no tiene nada que ver con la hermana de tus padres. Y es que, siglos atrás, oírla podía significar la diferencia entre conservar la vista o quedar ciego de por vida. Entonces, ¿de dónde proviene?
Pues bien, la forma correcta de escribir esta frase sería «no hay tutía». La tutía es una palabra recogida en la RAE y que significa atutía. ¿Y qué es la atutía? Pues son los restos de óxido de zinc que se quedaban adheridos a los hornos cuando se fundía el latón.
La cuestión es que estos restos eran usados desde la antigüedad para elaborar un ungüento que se utilizaba en especial para las enfermedades oculares, pero que adquirió tanta aceptación que acabó usándose para otras muchas dolencias.
A España nos llegó a través del árabe andalusí attutíyya, que derivaba del árabe clásico tūtiyā y a su vez del sánscrito tuttha.
Pero volviendo al significado de la frase, cuando la enfermedad estaba tan avanzada que ya ni siquiera aquel remedio milagroso podía revocarla, entonces era cuando el enfermo debía escuchar esta fatídica frase: No hay atutía que lo solucione.
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