LA MOSCA TRAS LA OREJA

 

LA MOSCA TRAS LA OREJA


Tenemos la sensación de que algo no va bien. Sospechamos de una situación o incluso de una persona. En definitiva, tenemos la mosca tras la oreja. Pero esa mosca no se refiere al popular insecto, ni tenerla tras la oreja a la molestia de su zumbido.
Esta expresión procede de los arcabuceros que formaron parte de la infantería europea entre los siglos XV y XVII. Aquellas armas eran denominadas de «avancarga», lo que significa que debían ser provistas de pólvora por delante, es decir, a través del cañón poniendo este en posición vertical.

A continuación, se introducía la bala, una simple bola de plomo, y lo que se llamaba un «taco», que no era más que un trozo de papel para evitar que los gases se escapasen durante la combustión. Después se empujaba todo con una «baqueta» para que quedase bien compacto y se pasaba al último punto del ritual, prender la mezcla que debía activar todo el mecanismo para efectuar el disparo.

¿Y cómo se hacía? Pues con una mecha que los arcabuceros llevaban prendida de antemano y que colocaban sujeta sobre la oreja para perder el menor tiempo posible entre recarga y disparo. Y a esa mecha se la llamaba «mosca».

Observando todo el proceso de recarga del arcabuz, entenderemos que el tirador debía estar más que nervioso mientras tanto, pues aquel momento, justo cuando estaba desarmado y con la atención puesta en un lugar diferente a la propia batalla, era el que más peligro entrañaba del combate. El momento en el que el soldado tenía «la mosca detrás de la oreja».

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